Histamina y los ritmos circadianos

Anna Nadal

Fisioterapeuta y postgrado en PNIE

Los ciclos diarios de luz y oscuridad duran aproximadamente 24 horas, lo que corresponde al tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta completa sobre sí misma. La gran mayoría de organismos se ajustan a estos ciclos, lo que se refleja en sus funciones físicas, psíquicas y de comportamiento gracias al ritmo circadiano.
Este ritmo es regulado por el reloj circadiano interno de cada organismo.

La adaptación del reloj circadiano a los ciclos diarios se logra mediante diversos factores como los cambios de temperatura, los ciclos metabólicos y la alimentación, así como los estímulos neuronales u hormonales.

Estos factores se conocen como Zeitgeber, que proviene del alemán «sincronizador». Los Zeitgebers sincronizan el reloj circadiano con un momento específico del día, lo que afecta tanto a las funciones que se llevarán a cabo, como a los genes y proteínas que se activarán en cada momento.

El reloj circadiano está compuesto molecularmente por una maquinaria de proteínas que se activan a lo largo del día, y se regulan entre sí para mantener su propio equilibrio. En lugar de un proceso simple, hay una compleja red de regulación que permite que el reloj circadiano realice sus funciones en el momento adecuado y mantenga la integridad de cada órgano y célula.

Reloj central y reloj periférico y ritmos biológicos 

A lo largo de la evolución, nuestro cuerpo ha desarrollado relojes moleculares tanto centrales como periféricos, ubicados en órganos como el hígado, el intestino o el músculo. Estos relojes se sincronizan en función de señales externas, como la luz, la actividad física y la comida principalmente, y afectan la expresión de genes y la secreción de hormonas.

El zeitgeber principal para el reloj central, que se encuentra en el núcleo supraquiasmático, en el hipotálamo de nuestro cerebro, es la luz. Mientras que para los relojes periféricos (en el resto del cuerpo), es la comida.

Respetar y comprender las fluctuaciones fisiológicas naturales del cuerpo puede contribuir a tener un organismo más sano.

En los países desarrollados, los hábitos modernos, que a menudo no siguen los ritmos naturales de luz-oscuridad y comida-ayuno, pueden ser un factor determinante en la aparición de enfermedades metabólicas como el cáncer o la diabetes.

El desajuste del reloj circadiano puede afectar la salud

Si el reloj se descontrola, los órganos y células pierden su capacidad de anticipación y preparación para realizar sus tareas.

Este descontrol puede agravar cualquier enfermedad. La acumulación de daño en el organismo se produce al no estar preparado para llevar a cabo una reparación eficiente mientras continúan sus tareas habituales.

Relación de la histamina con los ciclos de vigilia y sueño

Estudios recientes concluyen que la cantidad y la actividad de los mastocitos están modulados por los ritmos circadianos y factores como la luz y la alimentación, que también puedes sincronizar o desincronizar nuestros relojes.

Los mastocitos están asociados con la regulación de la inmunidad y la inflamación mediante la liberación de importantes mediadores inflamatorios, incluida la histamina.

Esta puede unirse a sus receptores. Y tiene cuatro, de los cuales dos, H1 y H3R, se expresan en el cerebro.

La histamina entre otras funcionalidades en el cerebro puede influir en el ciclo de sueño-vigilia y por lo tanto también en sus trastornos.

Los estados de vigilia y sueño son procesos complejos que se llevan a cabo gracias a cambios neuroquímicos coordinados de neurotransmisores y neuromoduladores, como la acetilcolina, la glutamato, el ácido γ-aminobutírico, la dopamina, la serotonina, la norepinefrina, la histamina, la hipocretina, la hormona concentradora de melanina, la adenosina y la melatonina.

Las neuronas histaminérgicas del cerebro desempeñan un rol importante en la excitación y el mantenimiento de la vigilia.

Pham L. et al., (2021)

Melatonina e histamina el equilibrio necesario

La melatonina es liberada al líquido cefalorraquídeo, por la noche con niveles muy altos, mientras que por el día se libera en niveles muy bajos.

Es clave en la regulación de los ritmos circadianos y en el funcionamiento de otras hormonas. En la imagen anterior, se ven los dos receptores MT1 y MT2. La unión de la melatonina a estos receptores conduce a una disminución de la activación, proliferación y diferenciación de los mastocitos.

La melatonina y la histamina son dos neuromoduladores importantes implicados en la regulación de los ritmos circadianos a través del NF-κB, un factor clave común.

Por lo tanto, una buena liberación de melatonina podría favorecer procesos que cursan con desregulación de mastocitos.

Aunque falta más investigación respecto al vínculo entre la melatonina, histamina y ritmos circadianos, mientras tanto podemos comenzar a aplicar estrategias donde hay evidencia más sólida para mejorar la sincronización de nuestros relojes. La exposición a la luz y los horarios de ingestas de comida.

Hábitos perjudiciales para nuestro ritmo circadiano y equilibrio de histamina

Cuando pensamos en comportamientos cronodisruptores, aquellos que desregulan nuestros ritmos circadianos, lo primero que viene a nuestra mente son hábitos como cenar tarde, hacer ejercicio en franjas nocturnas o ver televisión hasta altas horas de la noche.

Si analizamos cada uno de estos hábitos por separado, podemos concluir que cenar tarde afecta nuestro metabolismo porque durante la noche somos menos sensibles a la insulina, lo que disminuye nuestra tolerancia a la glucosa.

Hacer ejercicio de alta intensidad por la noche podría alterar el sueño al liberar hormonas de estrés. Y además, ir a dormir tarde puede reducir la calidad y duración del sueño. Sin embargo, lo que probablemente se le reste importancia es que detrás de estos hábitos se encuentra un factor clave que interfiere en los mecanismos que regulan nuestros ritmos circadianos: la luz.

Dado que la exposición a la luz artificial brillante y la luz de los dispositivos electrónicos durante la noche es común en todo el mundo y que nuestro cuerpo necesita oscuridad para llevar a cabo ciertos procesos fisiológicos como la liberación de melatonina, se ha estudiado que la exposición a la luz azul y artificial brillante antes y durante el sueño nocturno puede tener consecuencias negativas para la salud.

Por ejemplo, en un estudio realizado por Gil-Lozano et al., (2022) mostró que una noche completa de privación de sueño con exposición a la luz aumentó la resistencia a la insulina e interrumpió los perfiles normales de producción de melatonina y cortisol.

Aunque el progreso tecnológico ha beneficiado nuestra calidad de vida, su uso desmedido puede tener consecuencias negativas. Exponerse a la luz artificial durante la noche puede afectar nuestro metabolismo y aumentar el riesgo de padecer obesidad y diabetes tipo II.

Por eso, es importante adoptar estrategias que minimicen la posibilidad de dormir con iluminación para mejorar nuestra salud: utilizar gafas bloqueadoras de luz azul de las pantallas, y en el dormitorio, bajar las persianas o usar antifaz para tener oscuridad absoluta a la hora de dormir.

Por otro lado, los horarios de ingesta también podrían desregular nuestros relojes.

Cenar cerca de las horas de luz y alargar el ayuno nocturno es lo que nuestra fisiología espera de nosotros, pues resulta ser un período donde nuestro cuerpo en lugar de hacer la digestión destinará la energía al reciclaje y reparación celular.

Adaptar nuestros hábitos alimenticios durante el día y evitar comer al menos dos horas antes de ir a dormir dará descanso al sistema digestivo y permiso al sistema inmune para que pueda realizar sus funciones.

Debemos ser conscientes de la importancia que tiene el sueño y la cronoregulación en nuestra salud, y que, probablemente una buena sincronización de nuestros relojes (central y periféricos) podría tener un impacto positivo en personas que cursan con patologías de desgranulación de mastocitos, y por lo tanto con problemas de histamina.

REFERENCIAS


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